Un 1 a 1 también puede ser un espacio para desarrollar criterio. Para hacerlo útil, conviene elegir una situación concreta, escuchar el razonamiento de la persona y cerrar con un acuerdo que se pueda revisar.
No hace falta resolver todos los temas en una sesión. Puedes comenzar con una conversación que deje más claridad sobre el siguiente paso.
Elige una situación real
Pregunta qué asunto está siendo difícil o qué decisión necesita preparar. Busca un caso suficientemente concreto para poder entenderlo: una prioridad que compite con otra, una conversación pendiente o una entrega que no está avanzando.
Confirma qué espera la persona de ti. Quizá quiere contexto, una decisión, recursos o ayuda para ordenar sus ideas. Saberlo evita que ambos trabajen sobre necesidades distintas.
Cuida la privacidad. Lleva a la conversación solo la información que corresponde compartir y conserva los acuerdos en un lugar autorizado.
Escucha antes de ofrecer una respuesta
Cuando conoces el trabajo, es natural imaginar una solución rápidamente. Antes de darla, pregunta qué opciones ve la persona y cuál recomendaría.
Escucha qué está tomando en cuenta. ¿Conoce la prioridad? ¿Entiende las restricciones? ¿Está considerando a quienes recibirán el resultado? Sus respuestas pueden mostrar dónde necesita apoyo.
Evita convertir la conversación en una prueba para adivinar tu preferencia. Si hay información que solo tú tienes, compártela. Si una decisión ya está tomada, dilo con claridad.
Aporta el contexto que falta
Desarrollar criterio requiere información utilizable. Explica por qué importa el resultado, qué límites deben respetarse y qué puede decidir la persona dentro de su responsabilidad.
Preguntar ayuda, pero hay situaciones que requieren dirección inmediata, especialmente cuando existe urgencia o riesgo. Ajusta tu intervención a la preparación de la persona y a las consecuencias del trabajo.
El objetivo es que pueda avanzar con comprensión y apoyo. A veces eso implica mostrar un ejemplo; otras, pensar juntos o permitir que pruebe una alternativa de bajo riesgo.
Cierren con un acuerdo breve
Antes de terminar, confirmen quién hará qué, para cuándo y con qué apoyo. Pide a la persona que lo explique con sus palabras y comparte también lo que tú te comprometes a aportar.
Definan qué situación necesita consulta y cuándo revisarán el avance. Así, pedir ayuda forma parte del acuerdo en lugar de parecer una señal de fracaso.
Un compromiso útil permite observar algo concreto. “Mejorar la comunicación” puede ser una intención; preparar una conversación, realizarla y revisar lo aprendido ofrece un siguiente paso más claro.
Vuelvan sobre lo aprendido
En el siguiente encuentro, revisen qué ocurrió. Pregunta qué funcionó, dónde apareció una dificultad y qué haría diferente la persona.
Reconoce los avances con ejemplos. Si algo no salió como esperaban, examinen el contexto y el razonamiento antes de concluir qué necesita cambiar.
La práctica se vuelve más útil cuando deja un ajuste para la próxima ocasión. El seguimiento debe ayudar a aprender y sostener responsabilidades, sin convertir cada conversación en un reporte interminable.
Empieza por tu próximo 1 a 1
Elige una pregunta para tu siguiente conversación: “¿Qué opciones ves?”, “¿Qué recomendarías?” o “¿Qué necesitas de mí para avanzar?”.
Después escucha, aporta contexto y acuerden un paso. Observa si la persona sale con más claridad y si el acuerdo puede sostenerse entre reuniones.
¿Qué cambiarías en tu próximo 1 a 1 para darle más espacio al criterio de tu equipo?
Este artículo tiene fines educativos sobre liderazgo y desarrollo de equipos. No constituye asesoría financiera, de inversión, fiscal ni legal, ni una oferta de servicios de intermediación.
